
Cuando se habla de actividad física después de los 60 años, caminar suele ser la recomendación más frecuente. La bicicleta fija también aparece como alternativa segura y de bajo impacto. Sin embargo, existe un ejercicio cotidiano, accesible y sorprendentemente eficaz que muchas personas pasan por alto: subir y bajar escaleras lentamente.
Lejos de requerir equipamiento especial o salir de casa, esta práctica puede convertirse en un hábito funcional que favorece la salud cardiovascular, mejora la circulación y fortalece los músculos clave para la estabilidad.
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Por qué subir escaleras beneficia al corazón
Con el paso del tiempo, la capacidad aeróbica disminuye de forma progresiva. El corazón pierde parte de su eficiencia para bombear sangre y los vasos sanguíneos pueden volverse menos elásticos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y accidentes cerebrovasculares en adultos mayores.
No es necesario realizar entrenamientos intensos para obtener beneficios. Actividades funcionales que impliquen un esfuerzo moderado y sostenido pueden generar mejoras significativas en la salud.
Subir escaleras es una actividad aeróbica que eleva la frecuencia cardíaca más que caminar en terreno plano. Investigaciones publicadas en la revista Circulation, de la American Heart Association, han señalado que breves episodios repetidos de ascenso por escaleras pueden mejorar la aptitud cardiorrespiratoria y la salud vascular. Además, estudios difundidos en Preventive Medicine asocian el uso habitual de escaleras con un menor riesgo de mortalidad cardiovascular.
Un ejercicio doble: corazón y músculos
En personas mayores, realizar este movimiento lentamente y con control ofrece una ventaja adicional: combina estímulo cardiovascular con fortalecimiento muscular.
Cada escalón exige la activación de:
- Cuádriceps
- Glúteos
- Pantorrillas
Estos músculos son fundamentales para mantener la estabilidad, mejorar el equilibrio y prevenir caídas. A su vez, el trabajo muscular en las piernas favorece el retorno venoso, es decir, ayuda a que la sangre regrese al corazón con mayor eficiencia.
Este efecto puede disminuir la sensación de piernas pesadas o hinchadas, un síntoma frecuente en adultos mayores debido a cambios circulatorios.
La importancia de la intensidad adecuada
Uno de los errores más comunes es pensar que el ejercicio debe ser extenuante para ser efectivo. En realidad, para este grupo etario lo recomendable es una intensidad moderada.
Según el American College of Sports Medicine (ACSM), el esfuerzo ideal es aquel que permite hablar con cierta dificultad, pero sin quedarse sin aire. No se trata de subir corriendo ni de llegar al agotamiento, sino de mantener un ritmo constante y controlado.
La clave está en la regularidad. Practicar este ejercicio varias veces por semana puede aportar beneficios acumulativos en la salud cardiovascular y la fuerza funcional.
Precauciones antes de comenzar
Aunque subir y bajar escaleras es una actividad natural, no todas las personas pueden realizarla sin supervisión. Es importante consultar con un médico si existen:
- Problemas de equilibrio
- Artrosis avanzada
- Cardiopatías no controladas
- Antecedentes recientes de caídas
La seguridad debe ser prioritaria. Adaptar la intensidad y la duración a la condición física individual es fundamental para evitar lesiones.
Cómo realizar el ejercicio correctamente
Para aprovechar sus beneficios y reducir riesgos, se recomienda seguir estos pasos:
- Elegir una escalera firme, estable y bien iluminada.
- Asegurarse de que haya pasamanos disponible.
- Usar calzado cómodo y antideslizante.
- Mantener postura erguida y mirada al frente.
- Subir un escalón a la vez, apoyando completamente el pie antes de impulsarse.
- Sostenerse del pasamanos si es necesario.
- Bajar lentamente, apoyando primero la punta del pie y luego el resto.
- Evitar movimientos bruscos o aceleraciones repentinas.
Se puede comenzar con uno o dos tramos cortos y descansar si aparece fatiga. El objetivo inicial puede ser acumular entre cinco y diez minutos totales, según tolerancia.
Con el tiempo, y si la persona se siente cómoda, es posible aumentar gradualmente la duración.
Un hábito simple con grandes beneficios
Subir y bajar escaleras lentamente demuestra que no siempre se necesitan rutinas complejas para mejorar la salud. Este ejercicio integra actividad cardiovascular, fortalecimiento muscular y trabajo de coordinación en un solo movimiento funcional.
Además, tiene una ventaja clave: forma parte de la vida diaria. Convertir una acción cotidiana en una práctica consciente y regular puede marcar una diferencia importante en la calidad de vida después de los 60.
En definitiva, más que buscar ejercicios sofisticados, muchas veces la respuesta está en aprovechar lo que ya hacemos, pero con intención, técnica adecuada y constancia.




