
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como ‘El Mencho’, ha provocado una fuerte escalada de violencia en varias regiones de México. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado uno de los narcotraficantes más poderosos y buscados del mundo, murió durante un operativo militar que marca un punto de inflexión en la estrategia federal contra el crimen organizado.
En las horas posteriores al operativo, se registraron bloqueos, quema de vehículos, ataques armados y enfrentamientos en al menos 13 estados del país, en lo que analistas califican como una reacción coordinada de la estructura criminal que encabezaba.
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Un operativo que marca un antes y un después
La operación que culminó con la muerte del capo fue ejecutada por fuerzas federales tras meses de labores de inteligencia. Según fuentes oficiales, el despliegue militar fue preciso y contó con apoyo aéreo y terrestre para evitar la fuga del líder criminal, quien durante años logró evadir múltiples intentos de captura.
‘El Mencho’ había consolidado al CJNG como una de las organizaciones más violentas y con mayor expansión territorial en América Latina. Su capacidad para desafiar abiertamente al Estado mexicano lo convirtió en una figura central del narcotráfico contemporáneo y en uno de los objetivos prioritarios de Estados Unidos.
La caída del capo representa el golpe más contundente contra el CJNG desde su fundación y la primera gran acción de alto impacto en materia de seguridad bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La reacción del crimen organizado
Lejos de generar una inmediata pacificación, la muerte del líder desató una ola de represalias. En distintas ciudades se reportaron autobuses incendiados, carreteras bloqueadas con vehículos atravesados y ataques contra instalaciones públicas y privadas.
Las autoridades atribuyen estos actos a células del CJNG que buscan demostrar capacidad de respuesta y enviar un mensaje de fuerza tras la pérdida de su máximo dirigente. La violencia, además de afectar la movilidad y la actividad económica, ha generado temor entre la población.
Expertos en seguridad señalan que este tipo de reacciones suelen formar parte de una estrategia de presión para negociar o para reforzar la cohesión interna del grupo criminal en momentos de incertidumbre.
El desafío de la sucesión
Uno de los principales interrogantes tras la muerte de ‘El Mencho’ es quién asumirá el liderazgo del cártel. Las organizaciones criminales de esta magnitud cuentan con estructuras jerárquicas y mandos regionales que pueden intentar disputar el control.
En experiencias previas, la caída de un líder no siempre implica la desarticulación inmediata de la organización. Por el contrario, puede abrir un periodo de pugnas internas que incrementen la violencia en determinadas zonas.
Las autoridades federales han intensificado la vigilancia en estados considerados estratégicos para las operaciones del CJNG, con el objetivo de contener posibles fracturas internas y evitar que los enfrentamientos escalen aún más.
El mensaje del Gobierno: calma y coordinación
Ante la escalada de violencia, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo un llamado público a la “calma” y aseguró que existe “absoluta coordinación con los gobiernos de todos los estados”. El Ejecutivo federal sostiene que la prioridad es proteger a la población y restablecer el orden lo antes posible.
El Gobierno también ha defendido que el operativo demuestra la determinación del Estado para enfrentar a los grupos criminales, independientemente de su poder o alcance territorial. Sin embargo, el reto inmediato consiste en evitar que la ofensiva del narco se traduzca en una crisis prolongada de seguridad.
Un momento clave en la lucha contra el narco
La muerte de ‘El Mencho’ puede convertirse en un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico en México. El CJNG había logrado expandirse internacionalmente y diversificar sus actividades ilícitas, desde el tráfico de drogas sintéticas hasta la extorsión y el control territorial.
No obstante, especialistas advierten que la eliminación de un líder no resuelve por sí sola las raíces estructurales del problema, que incluyen redes financieras, corrupción y mercados internacionales de drogas.
En las próximas semanas será determinante observar si el Estado logra consolidar el golpe estratégico o si la organización criminal consigue reconfigurarse bajo un nuevo liderazgo. Lo cierto es que la muerte de ‘El Mencho’ ha abierto un nuevo capítulo en la compleja y prolongada confrontación entre el Estado mexicano y el crimen organizado.




